LA ANSIEDAD EN EL NIÑO

ansiedadEn los trastornos de ansiedad interactúan factores biológicos, factores personales y factores ambientales, tales como los acontecimientos vitales, el estilo educativo de los padres, y, en general, los procesos de socialización del niño. Entre los factores personales destacan la valoración subjetiva que cada niño hace de él mismo (autoestima), los rasgos de personalidad y los recursos de que dispone para afrontar los problemas (estrategias de afrontamiento).

 Lo más frecuente es que la percepción física de la ansiedad se traduzca en el comportamiento del niño, que busca al adulto para estrecharse contra él, intentando que se le “contenga”, él mismo, intenta “contenerse” (mediante las sábanas cuando la ansiedad de dormirse o de soñar es importante, mediante actitudes de enroscamiento o acurrucamiento) o… Por el contrario de “romper” la opresión que experimenta mediante explosiones emocionales o comportamentales.

 Por otro lado, existe una influencia de la ansiedad sobre la esfera cognitiva, dado que la presencia de la misma puede conllevar tanto una aceleración como una inhibición del pensamiento,  con las repercusiones que ello puede acarrear sobre el desarrollo de los aprendizajes.

 Algunos niños manifiestan mecanismos incesantes de evitación y huida, otros en cambio, muestran un malestar evidente al que no pueden dar ninguna explicación. Finalmente otros van a expresar su ansiedad a través de preocupaciones o temores relacionados con su vida cotidiana, o bien mediante la liberación de un mundo imaginario en el que predominan fantasmas inquietantes.

 Es preciso prestar la mayor atención al modo en que el entorno recibe las manifestaciones ansiosas del niño. En ciertos casos se produce una dramatización de lo que el niño dice o hace, lo que viene a amplificar la ansiedad de éste. En el extremo opuesto pueden observarse actitudes de negación y rechazo, un no tomarse en serio lo que el niño expresa, lo que también incrementará su ansiedad. Así pues, las personas más próximas al niño tienen un papel muy importante en la prevención de los trastornos de ansiedad. Los padres y los educadores pueden reducir el impacto de las situaciones o acontecimientos vitales estresantes que viva el niño, pueden educarlo para potenciar sus recursos personales y pueden promover nuevas experiencias y fomentar hábitos de vida saludables.

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